Han pasado intensos y extensos años del cual, el aclamado director John Carpenter, uno de los directores más versátiles, complejos y geniales del género de terror, haya realizado películas con su nombre impreso en los créditos. Además de haber plasmado en el negativo films de renombre como la clásica The Thing (La cosa, 1982), The Fog (La niebla, 1980) y un titulo precursor de una saga de posteriores obras titulada Halloween (La noche de Halloween, 1978), de los cuales fue partícipe de haber escrito algunos de los guiones, el realizador siempre ha mantenido vigente un estilo inherente a toda su filmografía de la cual nunca se despego, motivo por lo cual logro mantener a gran parte de la audiencia, a pesar de haber perdido seguidores a lo largo de las producciones que realizaba como átomos que se van perdiendo en el recorrido de la energía. Es evidente que su calidad comienza a disminuir, a comparación con sus obras predecesoras, desde Vampiros con el famoso James Woods (1998) y descendiendo a los abismos oscuros con su calamitosa Fantasmas de Marte (2001: será que la crisis argentina también le habrá afectado), pero estas rarezas bastantes curiosas no se remiten a una cuestión azarosa si no, desde un análisis de la modernidad y asumiendo una perspectiva de estas características, las falencias de sus films no están impregnadas en las mismas por su totalidad si no por la reacción de un público acostumbrado a las nuevas tecnologías y a las resoluciones de ciertos planos en el ámbito digital. Carpenter siempre se ha caracterizado por la producción rustica y digamos de un modo, austera y clásica; adopta una resolución a todos sus interrogantes fílmicos en simples planos realizables sin recurrir al efecto digital dejando todo en manos del maquillaje y desde la dirección del arte. Basándose en esta premisa, Carpenter nos entrega cintas filmadas con producciones muy abaratadas y humildes, con un manejo de cámara majestuoso, un montaje preciso y detallado, y además, se insiste, con la escasez o directamente la nula presencia de elementos proporcionados por las nuevas tecnologías. Nos es natural pensar que un director de la vieja escuela, de la cual uno de sus principales núcleos de la construcción cinematográfica es el realismo en la pantalla producido con escasos materiales y elementos, la transición de una era en donde los recursos digitales eran casi inaplicables a una era moderna tecnológica le ha impactado de tal manera que la adaptación a esta nueva oleada de cine realizado por medios virtuales y digitales, le fue tardía y además le ha cambiado la forma de hacer cine. Pese a lo dicho, tanto Vampiros como Fantasmas de Marte, dos de sus películas que han estado en dicha transición, proporcionan al espectador una experiencia audiovisual del cual lo deleita con movimientos de cámara puntuales y dinámicos, encuadres precisos con una buena utilización de los elementos fílmicos y organizativos dentro del plano y por último, un montaje veloz y perturbador: todas características de su cine arcaico de los cuales fundaron varios arquetipos que luego fueron utilizados por jóvenes realizadores del genero. Entre su última película de la década, Fantasma de Marte hasta su ultimo película denominada The Ward, existe una diferencia temporal abismal haciendo escala en dos capítulos de la saga Maestros del horror, que pasaron desapercibidos y se consideran intranscendentes para la carrera del realizador, aunque esta larga espera, de la cual es inseguro e inexplicable los motivos o a que se dedico en todo ese tiempo, logro implantar en cada uno de los fanáticos de su cine expectativas que fueron germinando progresivamente hasta su estreno en la pantalla grande, a quienes muchos de la nueva generación nos sentimos honrados de visionar una película del director en el cine. Desafortunadamente, las expectativas que cada espectador tenia sobre la película se fue degradando hasta permanecer en un vacio doloroso. Al igual que lo sucedido con Vampiros y Fantasmas de Marte, The Ward pertenece a esta generación de directores implementando una metodología de realización cinematográfica pretérita con la inclusión de limitadas herramientas digitales en una era en la cual el espectador corriente, al tener ignorancia de su estilo y de sus búsquedas lingüísticas, recae en comentarios negativos hacia lo expuesto en la pantalla. Hay que reconocer que, como admirador de su cine, The Ward no es mucho más que una película del montón dentro de su filmografía pero que es prominente entre una amplia lista de films de terror contemporáneas que sobreabundan en las carteleras de cine y las que se encuentran editadas en DVD.
Lo que es más destacable y lo que posiciona al film en uno de los niveles altos de calidad cinematografía de estos últimos tiempos en el género terror, es sin duda la vigencia del estilo comandado por un director proveniente de un cine en lo cual todo se hacía con los más bajos costos de presupuesto, un estilo en el cual los movimientos de cámara son constantes, en donde la configuración espacial es medida cronológicamente de forma matemática en cada plano, es decir que dedica el tiempo necesario a lo que el espectador necesita ver para generar suspenso e intriga (aptitud solamente presente en directores geniales del genero) , la utilización acertada de los métodos lingüísticos de la construcción cinematográfica, como la utilización permanente del fuera de campo: el plano travelling hacia adelante para construir la presencia de la entidad paranormal habitante en el neuropsiquiatrico y el plano travelling hacia atrás para señalar la distensión dramática y, más concretamente, el alejamiento de la presencia malévola. Dentro del plano del fuera de campo, el sonido off funciona como disparador de sugerencias, señas implícitas que han de dudar al espectador si lo que está viendo sucede realmente o es todo imaginación de la muchacha, premisa narrativa presente en varios films ya visionados de manera global. Ahora remarcare algo con respecto a esta cuestión. Algo bastante llamativo es el montaje y el encuadre en el cual ambos se comunicaban recíprocamente para conformar una situación específica y totalmente poderosa, como la escena de la penetración del elemento puntiagudo en la cavidad visual de la víctima, hay ciertos momentos que el realizador opta por cambiar el lugar de la herramienta que utiliza la entidad en el encuadre (en ciertos planos este elemento se encuentra a derecha de cuadro y después a izquierda de cuadro). Una decisión sabia y que solamente un aficionado y un realizador que es consciente de lo que hace la concreta. No solamente en esta escena sucede este fenómeno particular, también la escena de la ducha, el rostro de la actriz cambia de izquierda a derecha constantemente en el cuadro hasta que la presencia la ahorca, proceso por lo cual es totalmente eficiente porque el realizador nos prepara el ambiente enrarecido y perturbador para que el clímax de la escena nos sorprenda aun mas; además para que luego nos deleite con un travelling ascendente encuadrando a las cuatro personajes distribuidas equitativamente en el cuadro, proporcionado estabilidad y suscitando fascinación. Una de las cuestiones más llamativas en los encuadres que utiliza son los planos contrapicados extremos angulados de tal forma que dan profundidad y perspectiva al objeto enfocado, junto con la correcta elección del lente. Podemos percibir una construcción con los lentes en la escena cuando los protagonistas bailan de los cuales la mayoría de los planos están filmados con teleobjetivos, estableciendo un punto de vista, cuando este esquema lo rompe un plano en gran angular junto con un movimiento de cámara de travelling hacia adelante (metodología similar a la mencionada construcción de la presencia que fue descripta líneas arriba) hasta que, luego de ser ejecutado ese travelling, se corta la energía eléctrica y en el cual, en esa escena, la entidad aparece intermitentemente por la sala del hospital mental. En cuanto a montaje nos sorprende, como esta filmado la secuencia memorable de la pelea entre la entidad y la protagonista del film, con mucha diversidad de ángulos de cámara, con planos con una duración exacta y un manejo exhaustivo del ritmo externo, otorgándole al enfrentamiento final un desenlace memorable y a la vez nos hace recordar viejos tiempos en el cual en ciertas obras sucedían batallas similares. Otro elemento más del estilo clásico es su banda sonora de ritmos acompasados, de bajos sugestivos, coros femeninos suspirando melodías a capella (algo parecido a Suspiria) en la escena del bosque y en las escenas cuando la protagonista divaga por el hospital con miedo de ser atrapada por los enfermeros y/o por ser acosada por esta presencia maléfica, suena sin detenerse sonidos graves monótonos junto a una melodía clásica de los films de terror de un piano agudo que en su confluencia con el silencio y otros sonidos propios de la escena en donde transcurre la acción, marcan un ritmo inquietante y construyen de una calidad inigualable una atmosfera terrorífica que impone al espectador la experimentación perturbadora de una secuencia audiovisual. Sin mencionar la sutileza del silencio que prepara el ambiente para que luego un sonido explosivo nos haga saltar del asiento. Como último aspecto, como siempre Carpenter nos ha brindado cintas de terror con una iluminación esplendida y totalmente coherente con la realidad del mundo narrado. Las zonas oscuras, las texturas, las sombras y luces quedaron en manos de la dirección de fotografía quienes los responsables no erraron en absoluto.
Por último y despegándome de una suerte de análisis, me interesaría remitirme a una cuestión bastante polémica en el film, en la cual estoy de acuerdo y en cierto punto la avalo que es la carencia de solidez en el aspecto narrativo de la misma. Hay ciertos baches en el guion en la mitad de la película o tiempos anteriores de los cuales mejor que hayan sido removidos o modificados por escenas que funcionen mejor dramáticamente porque hay ciertos puntos en la cual la tensión decrece por lo tanto la dimensión visual con respecto a la historia comienza a desconectarse, producto de un guion inoperante. No está de más aclarar que Carpenter no ha sido el responsable del mismo, aunque él pudiera haber sido más crítico en la elección del libro narrativo en la cual basar la historia. Pero si nos embarcaríamos en una retrospectiva por su filmografía, en todas sus películas se manejaron narrativas bastante simples de las cuales no muchas responden a leyes guionisticas y aun así son consideradas grandes películas. En cuanto al final de la obra, varios la consideraron como extremadamente parecida al conocido film Identity (Identidad, 2003) aunque en esta sección exclamaría casi lo mismo de lo que dije en líneas superiores, no son las narrativas que galardonan a este director como un maestro del Horror si no su labor como director en orquestrar estructuralmente y de forma efectiva todos los elementos lingüísticos para lograr construir una gran y aterradora experiencia audiovisual. No hace falta más que sentarse y disfrutar una cinta elaborada tanto musicalmente como visualmente por un maestro del género quien pudo adaptar un film de los ochenta para una pantalla de la modernidad.


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